In: constancia
Detrás de toda la cotidianeidad que me rodea, inmutable.. una nueva noticia:
Despenalizaron el consumo de drogas en el país.
Un regalo a la gente de vida vacía para que sepa con qué tapar el silencio que emerge de su insensible (y senseless) realidad.
Los drogadictos más lúcidos saben que ya habían encontrado la forma de drogarse sin ser penados más que con alguna coima de vez en cuando.
Personalmente, en 10 años de rutinario consumo no he pagado ni sido detenido siquiera una sola vez, y jamás tuve que esconder las drogas de la omnipresente mirada de los adultos de mi pueblo, ni de sus astutas hijas preadultas, y no me cuento entre los más lúcidos.
Sin embargo he recuperado un poco de la lucidez que tanto me desagradaba, casi que me arrepiento de ello, pero si me recuerdo cuan mediocre llegué a ser es fácil seguir adelante.
Supongo ahora que mi mayor error fue el impecable optimismo que me caracterizó siempre. Es algo que se me impone.. pero claro, uno se frustra si después de 23 años el mundo sigue siendo una mierda, y uno sigue viviendo en él y no se sorprende de nada, ha perdido la pasión de cuando era adolescente y la ilusión de cuando era niño.
Así es lo que queda, por lo menos ahora lo veo todo mejor, ni siquiera vale la pena un suicidio..
Detrás de la cotidianeidad que me rodea, detrás y delante, a los lados, rodeándola, conteniéndola y asfixiándola, en una suerte de gelatina en la que nado inmóvil, sin siquiera tener la posibilidad de caer, inmutable, la insensible realidad que me sostiene.
Despenalizaron el consumo de drogas en el país.
Un regalo a la gente de vida vacía para que sepa con qué tapar el silencio que emerge de su insensible (y senseless) realidad.
Los drogadictos más lúcidos saben que ya habían encontrado la forma de drogarse sin ser penados más que con alguna coima de vez en cuando.
Personalmente, en 10 años de rutinario consumo no he pagado ni sido detenido siquiera una sola vez, y jamás tuve que esconder las drogas de la omnipresente mirada de los adultos de mi pueblo, ni de sus astutas hijas preadultas, y no me cuento entre los más lúcidos.
Sin embargo he recuperado un poco de la lucidez que tanto me desagradaba, casi que me arrepiento de ello, pero si me recuerdo cuan mediocre llegué a ser es fácil seguir adelante.
Supongo ahora que mi mayor error fue el impecable optimismo que me caracterizó siempre. Es algo que se me impone.. pero claro, uno se frustra si después de 23 años el mundo sigue siendo una mierda, y uno sigue viviendo en él y no se sorprende de nada, ha perdido la pasión de cuando era adolescente y la ilusión de cuando era niño.
Así es lo que queda, por lo menos ahora lo veo todo mejor, ni siquiera vale la pena un suicidio..
Detrás de la cotidianeidad que me rodea, detrás y delante, a los lados, rodeándola, conteniéndola y asfixiándola, en una suerte de gelatina en la que nado inmóvil, sin siquiera tener la posibilidad de caer, inmutable, la insensible realidad que me sostiene.

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